-Ahora vamos a ser sinceros, en este momento probablemente cometa el error más grande de mi vida o podrá hacerme la mujer más feliz del mundo. Sólo espero en Dios que sea la primera, esta bien, aquí voy...
-Te amo...
Mi corazón se fue al suelo al terminar la frase, él quedó helado, mis manos sudorosas, y la o en su boca aún no se había borrado; y entonces ocurrió el milagro.
-También te amo.
Y fue justo en ese instante donde comencé a ser feliz...
No hay comentarios:
Publicar un comentario