martes, 14 de octubre de 2014

TENGO QUE CONFESARLO

-Ahora vamos a ser sinceros, en este momento probablemente cometa el error más grande de mi vida o podrá hacerme la mujer más feliz del mundo. Sólo espero en Dios que sea la primera, esta bien, aquí voy...

-Te amo...

Mi corazón se fue al suelo al terminar la frase, él quedó helado, mis manos sudorosas, y la o en su boca aún no se había borrado; y entonces ocurrió el milagro.

-También te amo.

Y fue justo en ese instante donde comencé a ser feliz...

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